Frío, nieve, viento, sequedad, radiación y grandes cambios de temperatura.
Habitar la Patagonia exige adaptación. Sin embargo, no todas las plantas enfrentan los mismos desafíos ni desarrollan las mismas respuestas.
En la cordillera, los bosques reciben más humedad y deben soportar heladas y temporadas de crecimiento cortas. En la estepa, en cambio, el agua escasea y la exposición al sol y al viento es constante.
Cada ambiente produce una forma diferente de resistencia.
Dos paisajes, dos estrategias
Bosque y montaña
En la zona cordillerana, las temperaturas son bajas, hay nieve durante el invierno y la humedad es mayor.
Las plantas de estos ambientes producen pigmentos, polifenoles, aceites y resinas que forman parte de sus sistemas naturales de defensa.
Estepa
La estepa es seca, abierta y cambiante. Puede hacer mucho calor durante el día y frío por la noche.
Aquí, las plantas necesitan conservar cada gota de agua. Por eso suelen tener hojas pequeñas, colores grisáceos, raíces extensas y superficies cerosas o resinosas.
Las plantas del bosque y la montaña
Maqui: el poder de sus pigmentos
El maqui crece naturalmente en los bosques templados del sur de Chile y en zonas cercanas de la Patagonia.
Su intenso color violeta se debe a las antocianinas, especialmente a las delfinidinas. Estos pigmentos no son solamente responsables de su color: forman parte del sistema con el que la planta responde frente a la radiación y al estrés oxidativo.
Por su concentración de polifenoles y antocianinas, el maqui es uno de los frutos patagónicos más estudiados por su actividad antioxidante.
Saúco: flores, frutos y flavonoides
El saúco prefiere ambientes frescos, húmedos y con suelos ricos en materia orgánica.
Sus flores y frutos contienen flavonoides, antocianinas y distintos compuestos fenólicos. Estas sustancias participan en la protección de la planta y son valoradas por su actividad antioxidante y sus propiedades calmantes.
Rosa mosqueta: reparación a través de sus semillas
La rosa mosqueta no es originaria de la Patagonia, pero se naturalizó y encontró en la región condiciones ideales para desarrollarse.
El aceite obtenido de sus semillas aporta ácidos grasos esenciales, especialmente ácido linoleico y linolénico. Estos lípidos son muy valorados en cosmética porque ayudan a nutrir, suavizar y acompañar la recuperación de la barrera cutánea.
Pino ponderosa: una resina protectora
El pino ponderosa es una conífera originaria de Norteamérica que fue introducida y cultivada en distintas zonas de la Patagonia.
Sus acículas y su resina contienen compuestos aromáticos, especialmente terpenos, que funcionan como parte de su defensa frente a insectos, microorganismos y daños en su corteza.
Tradicionalmente, estos componentes se valoran por su perfil balsámico, aromático y protector.
Abeto de Douglas: adaptación al frío patagónico
El abeto de Douglas —conocido internacionalmente como Douglas fir— tampoco es nativo de la Patagonia. Sin embargo, se adaptó a las condiciones frías y húmedas de la región andina.
Sus acículas y resinas producen aceites esenciales ricos en compuestos aromáticos. Estas sustancias ayudan al árbol a defenderse y le dan su característico aroma fresco y amaderado.
Las especialistas de la estepa
Jarilla: una barrera frente al sol
La jarilla vive expuesta a la radiación, al viento y a largos períodos sin agua.
Para protegerse, recubre sus hojas con una resina que ayuda a disminuir la pérdida de humedad. Esa resina contiene diversos compuestos fenólicos estudiados por su actividad antioxidante.
La jarilla no intenta escapar del ambiente: crea su propia barrera para habitarlo.
Zampa: conservar es sobrevivir
La zampa puede crecer en suelos secos e incluso salinos, donde muchas otras plantas no lograrían desarrollarse.
Sus hojas pequeñas y grisáceas reflejan parte de la radiación solar y ayudan a disminuir la pérdida de agua. Es una verdadera especialista en conservación y adaptación.
Botón de oro: resinas para resistir
El botón de oro pertenece al género Grindelia. Distintas especies de este género producen resinas pegajosas que recubren sus hojas y flores.
Estas sustancias ayudan a proteger la planta frente a la radiación, la deshidratación y otros factores ambientales. Sus extractos se utilizan tradicionalmente por sus propiedades protectoras y calmantes.
¿Y la bardana?
La bardana merece una categoría propia.
No es una especie originaria de la Patagonia ni exclusiva de la montaña o de la estepa. Es una planta introducida que suele crecer en terrenos modificados, bordes de caminos y suelos con mayor humedad.
Su raíz contiene inulina, ácidos fenólicos y otros compuestos vegetales. Tradicionalmente se la utiliza en preparaciones destinadas a limpiar y equilibrar pieles con tendencia a presentar impurezas.
Su historia demuestra otra forma de adaptación: la capacidad de ocupar nuevos ambientes y desarrollarse lejos de su lugar de origen.
Nativas, naturalizadas e introducidas
No todas estas plantas llegaron a la Patagonia de la misma manera:
-
El maqui y la zampa son especies nativas de la región.
-
La jarilla es característica de los ambientes áridos del Monte patagónico y zonas de transición.
-
En la Patagonia crecen especies nativas del género Grindelia, conocidas como botón de oro.
-
La rosa mosqueta y la bardana son especies introducidas que se naturalizaron.
-
El pino ponderosa y el abeto de Douglas fueron introducidos principalmente mediante plantaciones forestales.
Pero todas tienen algo en común: encontraron una estrategia para responder al lugar que habitan.
La inteligencia vegetal también está en la diferencia
Algunas plantas conservan agua. Otras producen pigmentos antioxidantes, ácidos grasos, aceites esenciales o resinas protectoras.
No existe una única forma de ser resiliente.
La riqueza vegetal de la Patagonia nace, justamente, de esas respuestas diferentes frente al frío, la humedad, la sequedad, el viento y la radiación.
En Proyecto Auras observamos y estudiamos esa inteligencia vegetal para seleccionar activos que acompañen las distintas necesidades de la piel.
Porque adaptarse no significa resistir sin cambiar.
Significa aprender del ambiente y transformarse con él.
Bibliografía consultada
-
Administración de Parques Nacionales. Información sobre los ambientes de alta montaña, bosque andino-patagónico y estepa del Parque Nacional Los Glaciares.
-
García-Milla, P., Peñalver, R. y Nieto, G. “A Review of the Functional Characteristics and Applications of Aristotelia chilensis (Maqui Berry)”. Foods, 2024.
-
Armas-Ricard, M. et al. “Phytochemical Screening and Antioxidant Activity of Seven Native Species Growing in the Forests of Southern Chilean Patagonia”. Molecules, 2021.
-
Saraví Cisneros, H., Bertiller, M. y Carrera, A. “Diversity of Phenolic Compounds and Plant Traits in Coexisting Patagonian Desert Shrub Species of Argentina”. Plant Ecology, 2013.
